
Cada vez que leo cosas sobre ella, no admiro su belleza ni su rango. Admiro el profundo amor que le profesa Lanzarote, ese amor cortés. Es su vasallo y su amante, es una marioneta en sus manos, su voluntad es la de la reina y su razón de vivir, ella. Envidio a Ginebra, y me da lástima Arturo. Peo aún así ¿quién no quiere ser Ginebra, y tener alguien que te ama tanto como para humillarse por ti?
